Ver el Documento

¿Quieres abrir este documento? Abir con Acrobat Reader

LA TORRE DE ASEDIO.


Las primeras referencias al uso de torres de asedio en las fuentes documentales las encontramos durante la Guerra del Peloponeso en la Magna Grecia. Aparecen en el asedio de Siracusa del 413 a. C., aunque montadas sobre barcos (TUCíDIDES, VII, 25, 5).


Pero, cuando su uso parece generalizado es en el marco de las operaciones púnicas sobre las ciudades griegas de occidente. Selinunte el 409 a. C. (DIODORO SíCULO, XIII, 54 - 55) o Akragas el 406 a. C. (DIODORO SíCULO, XIII, 85) hubieron de sufrir las armas de Cartago. El relevo en el campo de la innovación bélica lo tomaría Dionisio I de Siracusa cuyo máximo ejemplo fue el asedio a Motya el 397 a. C. en el que se pusieron en marcha las torres de mayores dimensiones conocidas hasta ese momento (DIODORO SíCULO, XIV, 50 - 51).


Alejandro Magno supo explotar al máximo la potencialidad que suponían las torres de asedio diseñadas por los ingenieros macedonios años antes para Filipo II. Estas máquinas aparecen ante los muros de Halicarnaso el 334 a. C. (ARRIANO, I, 20 - 22), Tiro el 332 a. C. (DIODORO SíCULO, XVII, 43 - 46; ARRIANO, II, 18 - 19) y Masaga el 327 a. C. (ARRIANO, IV, 26, 5).


Tras la muerte de Alejandro Magno la tradición bélica se mantuvo en el reinado de los Diádocos. Entre ellos destacó por sus cualidades militares Demetrio Poliorcetes que el 305 a. C. puso sitio a la ciudad de Rodas con una torre de asedio descomunal (PLUTARCO, Demetrio, 21; VITRUBIO, X, XXII, 80 - 84) y doce años después a Tebas (PLUTARCO, Demetrio, XL).


La primera referencia documental al uso de torres de asedio dentro del mundo romano se remonta al 335 a. C. con el asedio de Cales (TITO LIVIO, VIII, 16, 8). Sin embargo, será durante las Guerras Púnicas y sobre todo la segunda cuando se generalice su uso por contacto con las tropas púnicas que las empleaban asiduamente. Así encontramos menciones a esta máquina en Lilibeo el 249 a. C. (POLIBIO, I, 48, 2) para constatar un vacío en las fuentes hasta el asedio de Siracusa del 212 a. C. (TITO LIVIO, XXIV, 34, 6) y el de útica del 204 a. C. (APIANO, I, 16).


El uso de torres fue muy generalizado en el marco de las operaciones romanas para hacerse con el control de toda Grecia. Aparecen ante Atrage el 198 a. C. (TITO LIVIO, XXXII, 17), Corinto el 196 a. C. (TITO LIVIO, XXXIII, 17, 3) y Heraclea el 191 a. C. (TITO LIVIO, XXXVI, 22, 9).


Durante la Guerra de Jugurta, Metelo hubo de utilizarlas frente a Tala el 108 a. C. (SALUSTIO, 76, 3) y Sila las empleó frente a los muros de Atenas el 87 a. C. (APIANO, I, 34 - 36).


En el marco de las Guerras Mitridáticas está documentada la presencia de esta máquina. Mitrídates a pesar de su empleo no pudo hacerse con la ciudad de Cízico el 73 a. C. (APIANO, I, 73 - 75), pero el ejército romano sí pudo tomar Amisos con su ayuda (APIANO, I, 78). Y no podían faltar en el asedio romano a Jerusalén del 63 a. C. (FLAVIO JOSEFO, Antigüedades Judías, XIV, 64 - 70; FLAVIO JOSEFO, La Guerra de los Judíos, I, 147).


César en la campaña de las Galias supo explotar al máximo la novedad que suponía para estas tribus la presencia de máquinas tan descomunales. El 57 a. C., se enfrentó a los nervios (JULIO CéSAR, II, XXX - XXXI), para lanzarse contra los sociates un año después (JULIO CéSAR, III, XXI). Genabum fue tomada el 52 a. C. (OROSIO, VI, 11, 3), después Avaricum (JULIO CéSAR, VII, XVII - XXVII) para terminar con Uxeloduno (OROSIO, VI, 11, 24).


En el marco de la Guerra Civil, las torres de asedio fueron empleadas tanto por César como por Pompeyo. El primer lugar en el que está documentado su uso fue Corfinio (MARCO ANNEO LUCANO, II, 500) para continuar en Brindisi (JULIO CéSAR, Guerra Civil, I, XXV - XXVI) y Marsella (JULIO CéSAR, Guerra Civil, II, I - XIV).


La conquista de Judea fue el episodio bélico que más documentados nos ha dejado del empleo de estas máquinas. A Jotapata (FLAVIO JOSEFO, III, 222 - 283) cuyo asedio se produjo entre los años 66 y 67 d. C., le siguieron Jerusalén (FLAVIO JOSEFO, V, 275 - 479; VI, 21 - 392) y Masada (FLAVIO JOSEFO, VII, 307). Durante los siglos siguientes las torres de asedio siguieron en uso hasta la caída del Imperio Romano, aunque las fuentes documentales apenas las mencionen.


Fue en el siglo V a. C. cuando se pusieron en marcha las primeras torres de asedio móviles en el territorio griego y, más en concreto, en la Magna Grecia. Lo más probable es que llegaran allí de la mano de los cartagineses, que las habrían importado desde el territorio fenicio. éstos, a su vez, las habrían recibido de los asirios y babilonios, pues hay pruebas gráficas de su presencia en el ámbito oriental en torno al siglo IX a. C.


El 409 a. C., frente a Selinunte, los cartagineses utilizaron seis de estas torres de asedio, siempre de altura muy superior a las murallas, mientras que tres años después en Akragas fueron dos de grandes dimensiones. Sin embargo, fue en Motya el 397 a. C. donde se emplearon las máquinas de mayores dimensiones puestas en funcionamiento hasta ese momento. Disponían de seis pisos de altura y habían sido construidas con la única finalidad de doblegar esta ciudad. Parece que estas nuevas torres diseñadas por los siracusanos bajo el patrocinio de Dionisio I el Viejo eran adaptaciones de las empleadas por los cartagineses, pero con mejoras sustanciales tanto en los dispositivos que las ponían en marcha como en sus dimensiones.


En territorio griego, el mayor impulso dado al desarrollo de la poliorcética vendría de la mano del cuerpo de ingenieros de Filipo II de Macedonia. Filipo resultaría clave en este proceso ya que disponía de las claves necesarias para poner en marcha una maquinaria bélica de tanta envergadura. Tenía ambición y los fondos necesarios con los que llevar a cabo este proyecto. De esta forma creó un ejército poderoso acompañado de máquinas capaces de doblegar cualquier ciudad bajo el asedio, para lo cual dotó a sus contingentes de un cuerpo de ingenieros a medida del resto de sus tropas.


Estas máquinas fueron utilizadas a gran escala durante la toma de Perinto en el 340 a. C. Aquí puso por primera vez en práctica sus nuevas helepolis o torres de asedio de grandes dimensiones. Se trataba de los mayores ingenios construidos hasta este momento y alcanzaban los 24 metros de altura, medida muy superior a todo lo visto hasta ahora.


Archives:

Consigue Acrobat Reader Acrobat

Diseñado por Enrique Muñoz

  • Diseñado por
    Enrique Muñoz Lafuente
  • send mail
.
.