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LA PRIMERA ARTILLERíA DE TORSIóN.


Las máquinas que se basaron en el sistema de torsión, mucho más práctico y potente que el antiguo de no - torsión, se empezaron a utilizar de forma sistemática en la corte macedónica en fechas cercanas al 340 a. C.


A pesar de los avances que se habían introducido en las máquinas de no - torsión, las potencialidades del arco compuesto ya habían alcanzado sus límites máximos con la puesta en marcha de las máquinas de no - torsión de diseño avanzado. De nuevo, fue la necesidad de lanzar proyectiles de mayor tamaño y a una distancia mayor la que llevó a intentar mejorar las máquinas existentes hasta ese momento.


La solución a este problema se encontraba en la búsqueda de algún material más resistente que los empleados por las máquinas anteriores o en la utilización más efectiva de alguno de los que ya conocidos: cuerno, madera y tendón. La principal conclusión que se desprendía de la revisión de las máquinas de no - torsión era que este último elemento era el que aportaba la mayor parte de la energía y la mejora tecnológica pasaba por aislarlo totalmente.


El resultado fue el nacimiento de las primeras máquinas de torsión, que supusieron una revolución tecnológica tan significativa como la propia aparición de la catapulta. Las nuevas máquinas tenían una mecánica diferente a las de no - torsión y utilizaban la torsión de haces de tendones, crines o cabellos humanos alrededor de bastidores de madera.


Hoy en día es muy difícil saber qué clase de tendones y de qué animales eran los más fuertes y elásticos para su empleo, aunque se piensa que, en ningún momento, se utilizarían solos, sino mezclados con pelo animal o humano para asegurar su cohesión. La zona de los tendones animales que mejor serviría para estos propósitos sería la correspondiente a los hombros de bueyes y a los tobillos de caballos.


Esta falta de información se debe, entre otras cosas, a que los tendones, al tratarse de un material orgánico, no se han conservado en el registro arqueológico. Por si esto fuera poco, ninguno de los tratados que han llegado hasta nosotros relata la preparación de los tendones de animales para las piezas de artillería de torsión.


Alrededor de dos marcos envolvieron el filamento de pelo y después la capa de tendón-cuerda, que pasó a formar los dos resortes. Los marcos se sujetaron de forma fija y se añadió madera para dar rigidez al conjunto. Un brazo de madera se insertó a través del paquete de tendones, dejando la parte más gruesa en el lado interior.


Cada brazo se sujetaba por las cuerdas de su resorte porque la tensión se aplicaba con dos palancas. Esto hacía que la máquina no pudiera desarrollar una tensión muy elevada por lo que sólo podía lanzar flechas, ya que las piedras pesaban demasiado para la energía alcanzada (MARSDEN, 1999 a, 16 - 24).


En estas máquinas conocidas como euthytonas el ángulo recorrido por las máquinas era muy pequeño (23 º en las primeras y más tarde 35 º) y por tanto eran aptas para arrojar flechas que pesaban muy poco.


El lanzamiento de piedras exigía que el ángulo recorrido por los brazos fuera mucho mayor. La necesidad de alcanzar los 45 o 50 º llevó a la vuelta al sistema primitivo de dos armazones independientes y dio lugar a las máquinas palintonas. Los brazos de este último modelo, al recorrer un ángulo mayor, eran capaces de proporcionar un golpe poderoso. Su corredera debía ser también más ancha por el tamaño de los proyectiles a lanzar.


En la actualidad, Aitor Iriarte ha planteado la hipótesis de que en las máquinas palintonas los brazos batieran por el interior, con lo cual se conseguiría un ángulo de recorrido mayor. En este caso, la ballista griega pasaría de tener un recorrido de 55º a los 94º, lo que le proporcionaría casi el doble de potencia. En el caso de la ballista tardía de Hatra este hecho aún es mucho más exagerado, al pasar de 35º a 103º. Sin embargo, esta nueva teoría necesitará de una profunda discusión entre los investigadores (IRIARTE, 2003).


Pronto se consiguieron marcos más resistentes, gracias al ensanchado de los travesaños y a la colocación de agujeros en cada uno de ellos. Las palancas para torcer el tendón se colocaron sobre los agujeros y podía enroscarse la cuerda a través de estos agujeros - portadores.


Sin embargo, uno de los problemas radicaba en que tras ser disparada muchas veces la máquina, los resortes dejaban de estar en posición central y se clavaban en la madera, llegando a hacer inoperativas las máquinas. Este problema se solucionó con la introducción de arandelas, en número de 4.


Los cambios se sucedían rápidamente en estas máquinas de creación reciente. Algo que Heron no apunta en su obra y que resultó clave fue la modificación de las vigas de madera que contenían los resortes. Como era caro construir dos marcos sólidos y ensamblarlos con un armazón de madera, unieron los dos marcos independientes en una única estructura que tenía dos agujeros - portadores, cada uno con dos agujeros para el resorte y cuatro puntales verticales. Por medio de un perno y de las vigas pequeñas se aseguraba el extremo delantero entre los puntales centrales.


A pesar de estas mejoras, el tamaño y la distancia a que se arrojaban los proyectiles no variaron pues aunque las arandelas resistían muy bien el empuje de una tensión mayor, los brazos sólo permitían movimientos muy limitados. Por este motivo los agujeros - portadores se hicieron más anchos en el centro que en los extremos dando más recorrido a los brazos. Sin embargo, este recorrido no era suficiente para que las máquinas pudieran lanzar piedras con efectividad.

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