Ver el Documento

¿Quieres abrir este documento? Abir con Acrobat Reader

LA POLIORCÉTICA DE LA MAGNA GRECIA EN TIEMPOS DE DIONISIO I DE SIRACUSA.


La importancia de la ciudad de Siracusa es tal que resulta de gran interés mencionarla por su contribución al desarrollo y puesta en marcha de la maquinaria bélica dentro del mundo occidental.


El fracaso ateniense en la expedición de Sicilia del año 413 a. C. condujo a que Cartago intentara ampliar su área de influencia, tratando de englobar esta isla que poseía un notable interés estratégico. Así, procedieron al asedio y destrucción de las ciudades de Himera y Selinunte el año 409 a. C.


Las tropas siracusanas al mando de Daphnais fracasaron en el intento de liberar del asedio cartaginés la ciudad de Akragas en el 406 a. C. y la ciudad cayó en manos cartaginesas. Las consecuencias de este fracaso militar no se hicieron esperar y la Asamblea de Siracusa eligió un nuevo cuadro de generales entre los que se encontraba Dionisio. En el plazo de un año se deshizo del resto de mandos del ejército siracusano, con lo que pasó a aglutinar todo el poder de la ciudad más poderosa de la isla. La imposibilidad de continuar con las operaciones militares condujo a la firma de un tratado el 405 a. C., en virtud del cual la mitad de Sicilia quedaba en manos de los cartagineses, mientras la otra mitad continuaba independiente.


La ciudad de Siracusa logró la unificación de las ciudades libres de la isla bajo la autoridad de Dionisio I. Este general era el único capaz de expulsar a los invasores y devolver la total autonomía a las ciudades sometidas. El poder tiránico que le había sido otorgado le permitía disponer de la autoridad absoluta y de todos los medios económicos y técnicos para llevar a cabo su misión. Se daban, entonces, las condiciones adecuadas para que se produjeran notables adelantos en la poliorcética.


La superioridad de los cartagineses había sido manifiesta en los últimos choques que habían enfrentado a las dos potencias. Los fracasos siracusanos en Himera (409 a. C.), Akragas (406 a. C.) y Gela (405 a. C.) demostraban la superioridad militar cartaginesa, sobre todo en lo que a técnicas de asedio se refería.


Para contrarrestar el poderío de las tropas cartaginesas, Dionisio lo primero que hizo fue mejorar el ejército terrestre, por medio de la contratación de mercenarios de todo el ámbito mediterráneo. Hasta Siracusa peregrinaron soldados de Iberia, la Galia, Campania y del Peloponeso, además de contingentes tránsfugas del ejército enemigo. Se mejoraron, de esta forma, las tropas de infantería con un entramado de tropas versadas en las más diversas artes bélicas.


Durante el año 399 a. C. toda la ciudad se convirtió en un gran arsenal. Bajo el gobierno de Dionisio I, se atrajo a gran cantidad de especialistas en la construcción de maquinaria bélica. Los elevados sueldos pagados por el tirano hicieron que llegaran obreros de todo el mundo conocido: de las ciudades sicilianas, de Italia, de Grecia y hasta de algunas colonias cartaginesas.


Cuando todos los especialistas habían llegado, los distribuyó por talleres diseminados por los barrios de la ciudad. Cada uno de estos centros de trabajo contaba con la supervisión de las personas más notables de la ciudad. Las innovaciones eran muy valoradas y se premiaba con grandes recompensas económicas a los ingenieros que desarrollaban nuevas máquinas. El estímulo que suponían estos premios favoreció la puesta en marcha de los mayores ingenios de asedio construidos hasta la fecha.


La principal consecuencia derivada de la presencia de tantos especialistas, fue la puesta en marcha de las primeras piezas de artillería de no - torsión. Estas nuevas máquinas, capaces de lanzar dardos de hasta 1,8 metros de largo, fueron utilizadas por primera vez en el asedio de Motya. A tenor de la sorpresa que supuso para los cartagineses la presencia de estas catapultas, se presupone que era la primera vez que se veían este tipo de máquinas en acción.


Con la puesta en marcha de estas máquinas lanzaflechas Dionisio consiguió despejar todas las paredes de la fortaleza. Esta ayuda permitió que los arietes y trépanos pudieran hacer su labor sin oposición, abriendo una brecha el muro. Fue el apoyo proporcionado por esta nueva maquinaria el que le permitió la conquista de la ciudad, por lo que su empleo pasó a generalizarse en los asedios llevados a cabo con posterioridad.


En el terreno naval, Dionisio también buscaba la creación de una poderosa armada acorde con el poderío del ejército de tierra y que le otorgara la superioridad en el mar. El principal objetivo a lograr, era la creación de navíos de cuatro y cinco filas de remeros, buques que hasta este momento no se habían puesto en funcionamiento en el Mediterráneo.


Pero no sólo se necesitaba disponer de un ejército adecuado, de una armada poderosa y de las más innovadoras máquinas de guerra. Por ese motivo, los siracusanos también intentaron adaptar las técnicas de ataque cartaginesas que tan buenos resultados habían proporcionado a los ejércitos púnicos, para tratar de mejorarlas.


Aníbal, en el ataque a Selinunte y Gela, había empleado el sistema de ataques sucesivos, un ataque que había sido contrarrestado de la misma forma por los sitiados. Teniendo en cuenta esta experiencia, los siracusanos tomaron constancia de la importancia de no dejar tregua a los sitiados por medio de asaltos continuos. Para ello, era necesario dividir el ejército en unidades menores que atacaran sistemáticamente los muros, de modo que se debilitara a los defensores.


Así, se obtenía un elevado rendimiento, pues los soldados de refresco atacaban continuamente, mientras que en el interior de la fortaleza las tropas se encontraban agotadas. Entonces, había que esperar el momento adecuado en el que la fuerza física y la moral de los sitiados se resquebrajara, para lanzar el ataque definitivo que conduciría a la victoria. Sin embargo, había un problema y era que las divisiones en cuerpos no estaban impuestas en los ejércitos y, por tanto, resultaba problemático su uso en los asedios.


Archives:

Descarga Acrobat reader Acrobat

Diseñado por Enrique Muñoz

  • Diseñado por
    Enrique Muñoz Lafuente
  • send mail