Las técnicas de asedio empleadas por el ejército romano derivaban directamente de la experiencia adquirida en la confrontación con los ejércitos griegos. De Grecia aprendieron la forma de asediar las ciudades y el uso de los ingenios de guerra que copiaron y en algunos casos incluso mejoraron (DIODORO SÍCULO, XXIII, 2). Al igual que sucedía en el mundo griego del cual era heredero, en el mundo romano se podía tomar una ciudad de tres formas:
Obsidio u obsessio: consistía en bloquear la ciudad enemiga, evitando la llegada de víveres y tropas de socorro desde el exterior. Para ello, era necesario que fuera aislada totalmente por medio de una línea de bloqueo formada por castra, castella y una empalizada reforzada con torres. Esta técnica se ponía en práctica contra ciudades que disponían de complejos sistemas defensivos y escasos víveres para mantener a su población. Quizás, el ejemplo más claro de este sistema sea la circunvalación de Numancia por parte de Escipión el año 133 a. C.
Repentina oppugnatio: es lo que se conoce comúnmente como asalto. Esta práctica resultaba útil contra ciudades mal defendidas pero con abundancia de víveres. En una primera fase del ataque, el foso debía ser cegado para permitir el paso de las máquinas de asedio pesadas que batirían los muros. Sin embargo, en muchas ocasiones tan sólo hacían falta escalas para sobrepasar los muros.
Longinqua oppugnatio: es el típico caso de asedio de larga duración y combinaba métodos de los dos anteriores. Su uso solía reducirse a ciudades dotadas de buenas construcciones defensivas y de abundantes provisiones. Así, tras aislar la ciudad de forma metódica con la técnica de obsidio, comenzaban los trabajos de asedio con el empleo de maquinaria bélica pesada. Su puesta en marcha exigía un amplio dominio y conocimiento de la poliorcética por parte del comandante de las tropas.
Para rebasar las murallas y penetrar en el interior de una ciudad se repetían las formas del mundo griego. Una primera manera consistía en hacerlo por encima de las murallas para lo cual se utilizaban escalas, sambucae, tollenones y torres móviles. En segundo lugar se podía abrir una brecha en los muros con la ayuda de máquinas de golpeo tipo ariete o morueco.
Y también se podían superar las murallas por debajo con la ayuda del minado (cuniculi). Consistía esta técnica en excavar una galería debajo de los cimientos de las construcciones defensivas para dejarlas huecas. La estructura se sujetaba con un entibado de madera al que se prendía fuego y que terminaba por provocar el derrumbe de la mina que arrastraba consigo los lienzos de muro. Esta técnica también podía servir para introducir soldados en la plaza enemiga.
La extensión de la maquinaria bélica en el mundo romano.
A causa de la lentitud con la que los conocimientos técnicos acerca de la maquinaria bélica se desplazaron en el oeste de la mano de Siracusa, es muy difícil saber en qué momento, la artillería comenzó a ser utilizada por los romanos. Sí que resulta evidente que, a excepción de las piezas de artillería, el resto de máquinas de asedio más simples en su construcción y que no requerían este elevado nivel tecnológico, estarían en uso muy tempranamente dentro del ejército romano.
Al igual que había sucedido en el mundo oriental del Mediterráneo con la dinastía macedónica, en la zona occidental Dionisio I de Siracusa también debió de contribuir de forma extraordinaria a la difusión de la artillería. Las catapultas para lanzar flechas con tecnología de no - torsión que ya habían sido empleados en el sitio de Motya debieron continuar en funcionamiento y ser solicitados a Siracusa por el resto de pueblos vecinos. Será sobre la mitad del siglo IV a. C. cuando Zopyro de Tarento diseñe una máquina de no - torsión para la ciudad de Cumas (Italia).
El principal problema es saber cuando se produjo la introducción de la tecnología de torsión en el mundo romano. Su descubrimiento en territorio macedónico, y el posterior empleo por parte de Alejandro Magno, extendió su uso por la zona oriental. Pero si tenemos en cuenta que la propia ciudad de Atenas, a finales del siglo IV a. C., apenas disponía de algunas máquinas, es lógico pensar que su llegada hasta la península italiana debió retardarse aún más.
Según las fuentes documentales, el 386 a. C. Camilo intentó tomar Ancio pero, a causa de no disponer de piezas de artillería, tuvo que intentar otra técnica de asedio. Esta es la primera ocasión en la que se menciona la artillería dentro del territorio romano. En este episodio, Tito Livio menciona el empleo de tormentis que inevitablemente hace referencia a máquinas de torsión, lo cual resulta imposible para las fechas en que nos estamos moviendo. Quizás podrían ser máquinas de no - torsión, aunque a causa de su lenta dispersión también parece poco probable.
En el asedio llevado a cabo por Agatocles sobre Crotona el año 295 a. C. ya empleó catapultas de torsión con éxito, por lo que es posible ubicar la entrada de esta tecnología en el mundo occidental en torno al año 300 a. C. Y Pirro, en su aventura italiana, con toda probabilidad dispuso de piezas de artillería de torsión. El ejército romano debió observar estas máquinas en funcionamiento en alguna de las ciudades griegas del sur de Italia, que las habrían obtenido de su metrópoli.
Sin embargo y a pesar de todos estos indicios, las primeras referencias documentales claras respecto al uso de máquinas de torsión datan de la Primera Guerra Púnica, por lo que quizás pudieron llegar al mundo romano de la mano de los cartagineses. Será durante este conflicto cuando Cayo Atilio Regulo lleve artillería en su expedición africana del 256 a. C. para asediar la ciudad de Cartago.
En el mundo cartaginés, tras el sitio de Motya se conoció la tecnología de no - torsión, tecnología que pasaría a las ciudades fenicias a causa de las buenas relaciones mantenidas con ellos. A la inversa, tras la toma de las ciudades fenicias por Alejandro Magno, la tecnología de torsión debió seguir el camino inverso. De ahí que sea durante la Segunda Guerra Púnica cuando su uso se generalice en la zona occidental del Mediterráneo.
La maquinaria bélica de época republicana.
El uso de piezas de artillería de torsión durante la Segunda Guerra Púnica estaba totalmente generalizado como confirman todos los autores que tratan este conflicto. Incluso aparece en forma de broma en algunas comedias (PLAUTO, Los cautivos, 794).