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LA POLIORCÉTICA GRIEGA A LO LARGO DE LAS GUERRAS DEL PELOPONESO.


A lo largo de las Guerras del Peloponeso, perfectamente narradas por Tucídides, encontramos concepciones pasivas en las técnicas de asedio. La táctica de cerco tenía un papel fundamental en las operaciones, siendo su principal función el desgaste de los asediados, antes de lanzar la ofensiva final.


Así, el tiempo de aislamiento respecto al exterior pasó factura en la resistencia desesperada de los platenses ante los espartanos, la de los espartiatas en Esfacteria, la de los habitantes de Potidea ante las tropas atenienses y al contingente de Atenas ante los muros de Siracusa, entre muchos otros casos.


De los testimonios escritos relacionados con las tropas encargadas de la defensa de las murallas de la urbe, podemos extraer algunas consideraciones al respecto. Temístocles consideraba que, para defender las nuevas murallas del Pireo en Atenas, tan sólo era necesario contar con los ciudadanos más viejos de la ciudad, los más jóvenes y los metecos. El resto de tropas de infantería de calidad se consideraba que debían ser empleadas para otros menesteres más necesarios.


La presencia de soldados de mala calidad en la defensa urbana permite saber que, con pocos soldados y mal pertrechados, se podía defender una ciudad. De este hecho se pueden sacar dos conclusiones: o que era enorme la confianza de los ciudadanos en sus murallas o que los asaltantes no tenían capacidad bélica para poder superarlas.


Las técnicas de asedio o de cerco podían ser de dos tipos en función del grado alcanzado: parcial o total.


El asedio parcial se basaba en la construcción de campos fortificados en posiciones de indudable valor estratégico, normalmente enfrente de las puertas principales de las fortalezas asediadas. En estos campos se almacenaban los víveres y el armamento atacante y se daba refugio a los tránsfugas de la ciudad. Con esta forma de asedio, las comunicaciones con el exterior eran notablemente perjudicadas, aunque no se interrumpían totalmente. Esta técnica fue empleada por los atenienses en los asedios de Mitilene y Epidauro.


Cuando el muro de asedio estaba encaminado a aislar por completo la ciudad del exterior, el bloqueo tomaba la forma de asedio total. En este momento, las comunicaciones con el exterior se interrumpían completamente, impidiendo la salida y entrada del recinto urbano. La perfección e impermeabilidad del cerco resultaban fundamentales de cara a que los sitiadores alcanzaran el éxito en su misión.


A su vez, el muro podía ser apoteichismos o periteichismos. El primero de ellos tenía una extensión limitada y un trazado bastante recto y su función era tan sólo cortar el paso. Resultaba muy interesante para bloquear ciudades marítimas en zonas de istmo o peninsulares, aunque siempre se trataba de recintos urbanos con acceso tan sólo en uno de sus lados. En cuanto al segundo tipo, solía reservarse para cercos totales en ciudades continentales y en aglomeraciones urbanas. Sin embargo, podían emplearse indistintamente los dos modelos en función de las necesidades.


A pesar de que no se sabe cuál debía ser el trazado óptimo de los muros de circunvalación, sí que resulta lógico pensar que su separación respecto a las defensas de la ciudad asediada debía ser superior al alcance de las jabalinas, arcos y hondas. En el caso del cerco de Platea, los sitiados construyeron unas escaleras con las que superar el muro de circunvalación. A la hora de calcular su altura tomaron como medida las filas de ladrillos. De este hecho se deduce que la distancia entre los dos muros no debía ser muy grande y, en ningún caso, superior a los 100 metros. Sin embargo, el trazado debía ser diferente en los distintos puntos del cerco, adaptándose a la topografía del terreno.


La construcción del muro de asedio corría a cargo de los propios soldados y de los mozos de armas. Todos ellos disponían de herramientas, preparadas desde el comienzo de la campaña, aunque también se podían conseguir en función de las necesidades. Las primeras fases de construcción del muro resultaban cruciales, pues los atacantes se encontraban en una situación delicada de cara a las contraofensivas desde el interior de la ciudad.


Para facilitar la organización, el trabajo de construcción del cerco se dividiría entre las diferentes tribus de la ciudad, siendo asignado cada sector, con toda probabilidad, a cada una de las tribus que compondrían el ejército. En algunos casos, cuando la construcción tenía algún tipo de dificultad especial, se recurría a técnicos especializados. Así, para el asedio ateniense de Nisea, fueron traídos canteros de la propia ciudad de Atenas.


Los materiales empleados en las obras de cerco eran los que se encontraban en el territorio circundante de la ciudad: arcilla, madera, piedra o ladrillo. También solían ser utilizados los elementos constructivos extraídos de las casas de los suburbios extramuros de la ciudad. El resultado del empleo de todos estos materiales eran unas obras poco uniformes y muy semejantes a las fortificaciones de campaña.


A pesar de todas estas similitudes, las construcciones de cerco variaban mucho en función de los materiales empleados, de la mano de obra y del tiempo disponible para llevar a cabo las obras. Podían ir desde una simple empalizada hasta un verdadero muro de fortificación, fabricado en piedra seca o con arcilla, provisto de un camino de ronda almenado y, en ocasiones especiales, incluso de torres.


En cuanto a la altura del cerramiento, debía ser muy variable y dependería de las peculiaridades de cada asedio, aunque en la mayor parte de los casos para superarlo habría que emplear escalas. La presencia de foso también debía ser una constante. Por un lado añadía un elemento defensivo más y, al mismo tiempo, proporcionaba el material constructivo para el muro.


Normalmente, la línea de fortificaciones era muy simple con almenas hacia el lado que daba a la ciudad asediada. Si se temía la llegada de refuerzos desde el exterior se construía una contravallatio o muro paralelo al anterior y con una ligera separación entre ellos. Muchos autores consideran que los dos muros estarían unidos por una estructura de madera que daría lugar a una especie de terraza.


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