Son muchas las obras documentales antiguas que hacen referencias a las técnicas y máquinas de asedio en la Antigüedad. Entre otros, destacan autores como Tucídides con su Historia de la Guerra del Peloponeso, Polibio con sus Historias o Tito Livio con su Historia de Roma desde su fundación. Sin embargo, el valor de estas obras para conocer la poliorcética es muy limitado, ya que sólo hacen vagas menciones al empleo de las máquinas de asalto, pero en ningún momento se procede a su descripción. El principal interés de estas obras, a pesar de sus escasas referencias, radica en que nos permiten elaborar una cronología precisa sobre el empleo de las máquinas en el Mundo Antiguo.
Por su contenido, son obras de mayor interés las de Eneas el Táctico Poliorcética, la de Polieno Estratagemas y la de Flavio Vegecio Renato Instituciones Militares. En este grupo de obras se aborda el tema desde un enfoque monográfico, aunque quedan importantes lagunas a la hora de explicar algunos artilugios bélicos. Se trata de textos, más bien descriptivos, que adolecen de la información técnica necesaria para ayudar a los especialistas en la reconstrucción de las diferentes máquinas.
En un escalafón intermedio entre estos textos y los tratados técnicos de especialistas se encontraría la obra de autores como Apolodoro de Damasco, Amiano Marcelino o el Anónimo Bizantino, cuyas apreciaciones resultan de interés para la comprensión de las máquinas y técnicas de asedio en el Bajo Imperio.
Tan sólo son cinco los autores que, a través de sus obras, nos permiten reconstruir los progresos mecánicos y técnicos en la construcción de las máquinas de asedio, con una especial atención a las piezas de artillería grecorromana. A pesar de su interés, se trata de una información muy exigua para un periodo que abarca casi diez siglos.
Los tratados técnicos que se han incluido dentro de este grupo son los de Filon de Bizancio, Vitrubio, Biton y Heron de Alejandría, además de la obra Cheiroballistra atribuida a Pseudo - Heron y que se abordará de forma individualizada por sus peculiaridades.
Las obras de la mayor parte de estos autores giran en torno al periodo comprendido entre la primera mitad del siglo tercero a. C. y la segunda mitad del primer siglo d. C. Sin embargo, su principal interés radica en los datos que proporcionan acerca de las máquinas construidas en el espacio de tiempo comprendido entre el 350 y el 270 a. C. Estos ochenta años resultaron claves en la evolución de la artillería, ya que los cambios tecnológicos se precipitaron con la puesta en marcha de la tecnología de torsión.
Problemático resulta el hecho de que los documentos correspondientes a estas obras hayan llegado hasta nosotros, en la mayor parte de los casos, en forma de manuscritos parciales y engañosos. Muchos de los textos de que disponemos actualmente son copias realizadas por manos inexpertas, varios siglos después de su redacción. Esto conduce a que aparezcan, con frecuencia, errores de copia, difícilmente subsanables hoy en día, por la imposibilidad de ser contrastados.
Otro problema que se encuentra en estas obras reside en que, al describir máquinas obsoletas, el traductor encuentra problemas para comprender algunos términos antiguos que no tienen ninguna correspondencia actual. Como norma, se ha optado por el empleo de los nombres latinos de los elementos y en el caso de que no se conociera se ha recurrido a su nombre griego, por ser el único de que se tiene constancia.
Sin embargo, el carácter excesivamente técnico de estos textos que, por un lado, resulta clave para comprender las máquinas, por otro, conduce a que falten algunos detalles básicos que los autores dan por entendidos y que son desconocidos para nosotros. Eso explica, por ejemplo, que ninguno de estos autores describa cuáles son las materias primas empleadas en la construcción o la forma de hacer los resortes de tendón, en el caso de las piezas de artillería. (MARSDEN, 1999 b, 1 - 265).
La figura de Heron, a priori, es considerada la más valiosa de cuantas existen, por la información general que proporciona sobre la construcción de piezas de artillería. Las obras que se atribuyen a este autor son la Belopoeica y la Cheiroballistra aunque esta última presenta una serie de características estilísticas que llevan a dudar de su autoría real.
Las diferencias, en cuanto a estilo y contenido de las dos obras, ha llevado a que, a menudo, se haya considerado que son obras de autores diferentes. Al principio de su Belopoeica, Heron afirma escribir su obra para que todo el mundo pueda entenderla. De ahí que, para facilitar la comprensión de este tratado, el autor ponga énfasis en la descripción de los componentes, primero de forma aislada y después explicando cómo encajarían las diferentes piezas entre sí.
Esta vocación didáctica del autor no es apreciable en la obra Cheiroballistra, pues se pone un especial énfasis en la descripción del elevado nivel técnico de la máquina. Al mismo tiempo, los contenidos de ambos tratados distan mucho de ser semejantes. Las máquinas descritas en la Belopoeica abarcarían el espacio de tiempo comprendido entre el 350 y el 270 a. C. El interés del texto radica en que incluye descripciones de la primera pieza de artillería de "no - torsión", el gastraphetes, y de todas las que se inspiraron en él basadas en este principio tecnológico.
También se pasa revista a la evolución de la tecnología de torsión, a través de sus principales representantes, llegando hasta las máquinas más avanzadas, ya de acuerdo con las fórmulas de calibración. Parece que es en este punto donde pudo haberse basado en los escritos de Ctesibios de Alejandría.
La presencia de este autor que aparece nombrado en el título de la Belopoeica muestra la deuda histórica que tiene Heron con sus predecesores entre los que se encontrarían, además de Ctesibios, Straton de Lampsaco (siglo III a. C.) y Diades (siglo IV a. C.) entre muchos otros. El estudio, por parte de Heron, de obras escritas varios siglos antes y que, por tanto, tenían un cierto desfase tecnológico, reside en la finalidad perseguida. Buscaba proporcionar una información básica para un público compuesto por personal no especializado.