De gran interés para comprender el funcionamiento de la maquinaria bélica en la antigüedad resulta la arqueología experimental. La escasez de restos arqueológicos y la parquedad de las fuentes conduce a que nuestro conocimiento de la maquinaria bélica de la Antigüedad sea muy limitado, lo que obliga a experimentar con los materiales para ver su comportamiento y rendimiento.
Para profundizar en el tema es necesaria la revisión de algunas de las reconstrucciones de máquinas, realizadas tanto por investigadores nacionales como internacionales.Así, en primer lugar, se han tenido en cuenta las reconstrucciones llevadas a cabo por la Ermine Street Guard, grupo afincado en Inglaterra y del que he podido estudiar tres máquinas: una catapulta tipo scorpio, una ballista y un onager. Aitor Iriarte, amablemente, me permitió revisar la quiroballista que posee y que ha construido a base de mucho tiempo paciencia y, que probablemente, sea la mejor en su género de cuantas se han reconstruido en los últimos años .
Mariano Ostalé de Zaragoza, director del equipo Arqueódromo, constructor de una catapulta scorpio, me permitió que la estudiara. Por último, hay que señalar la información acerca de torres de asalto, obtenida en la Ciutadella ibérica de Calafell), pues en ella se encuentra reconstruido uno de estos ingenios bélicos. En otro orden de cosas, destaca el papel desempeñado por Kurt Suleski de Minessotta. En cuanto a su labor en arqueología experimental, es el constructor de la mayor ballista que hasta hoy en día se ha reconstruido.
Onager de la Ermine Street
Guard (Inglaterra)
Quiroballista de Alan Wilkins
Catapulta tipo scorpio de la
Ermine Street Guard (Inglaterra)
Quiroballista de Alan Wilkins