Desde hace mucho tiempo y, a la luz de las fuentes y de los hallazgos arqueológicos, se ha considerado que el famoso caballo de madera que se utilizó para tomar la ciudad de Troya era un ariete. Hay que tener en cuenta que los arietes primitivos tendrían la siguiente constitución: constarían de una larga viga suspendida dentro de un marco de madera que se sostendría por medio de cuatro patas de grandes dimensiones. Este armazón hacía que la máquina tuviera gran parecido con la figura de un caballo (CONNOLLY, 1989).
Durante las Guerras del Peloponeso las máquinas de asedio más utilizadas y de las que quedan descripciones más extensas son los arietes (Krioí). La poliorcética todavía no estaba muy desarrollada y las maquinarias utilizadas se basaban en el sistema de choque. La primera mención en las fuentes la encontramos en el asedio de Platea por parte de los lacedemonios el 429 a. C. (TUCíDIDES, II, 76,4).
Alejandro Magno supo explotar al máximo todas las posibilidades que el uso del ariete le ofrecía. Encontramos referencias a su uso en Tebas el 334 a. C. (PSEUDO CALíSTENES, I, 46), en Halicarnaso el mismo año (DIODORO SíCULO, XVII, 24,4), en Tiro el 332 a. C. (DIODORO SíCULO, XVII, 44 - 46) y también en Gaza (ARRIANO, II, 27, 3). Con posterioridad a la muerte del caudillo macedonio continuó el uso del ariete en territorio griego durante el reinado de los Diádocos, apareciendo incluso tras la asimilación de toda Grecia por parte de los romanos.
Hasta las Guerras Púnicas no encontramos referencias al uso del ariete por parte de los ejércitos romanos, aunque con toda probabilidad ya había sido puesto en funcionamiento varios siglos antes. El 249 a. C., está documentado por las fuentes el empleo del ariete ante Lilibeo (POLIBIO, I, 42, 9) y el 204 a. C. ante útica (APIANO, I, 16 - 97) y Cartago (APIANO, I, 124).
En el marco de las operaciones de Roma para hacerse con el control de Grecia se menciona el uso de arietes en un gran número de asedios. En el 199 a. C. aparece en Oreo (TITO LIVIO, XXXI, 46, 10) y tan sólo un año después en Atrage (TITO LIVIO, XXXII, 17, 6) y Corinto (TITO LIVIO, XXXII, 23 - 24). El epílogo de este episodio llegaría con el asedio de Atenas el 87 a. C. (APIANO, I, 36 - 40). El enfrentamiento entre César y Pompeyo nos ha dejado abundantes testimonios al respecto como el asedio de Marsella del 49 a. C. (MARCO ANNEO LUCANO, III, 480; VI, 30)
Ya en época imperial fue empleado en la conquista de Judea durante los años 66 y 67 d. C. cuyos episodios más memorables son el asedio de Jotapata (FLAVIO JOSEFO, III, 219), Jerusalén (FLAVIO JOSEFO, III - VI) y Masada (FLAVIO JOSEFO, VI).
Las referencias que encontramos en las fuentes llegan hasta el periodo bajoimperial. El 324 d. C. está documentado en Bizancio (ZóSIMO, II, 25) y en el 362 d. C. en Besuqui (ZóSIMO, III, 22).